Valle del Genal en otoño

Semana de la Castaña en Jubrique entre sabores y tradición

El otoño en la Serranía de Ronda no se mide en calendarios, sino en colores. Cuando las montañas del Valle del Genal se tiñen de dorados, ocres y rojizos, la naturaleza ofrece un espectáculo único: el Bosque de Cobre. Es en este escenario, donde los castaños parecen incendiar las laderas con su paleta otoñal, donde Jubrique celebra con orgullo uno de los eventos más singulares de Andalucía: la Semana de la Castaña en Jubrique.

Más que un festival gastronómico, esta cita es una invitación a saborear la identidad de un pueblo, a descubrir cómo la tradición se convierte en motor de futuro y cómo la tierra ofrece no solo frutos, sino también oportunidades para quienes saben escucharlos.

Valle del Genal en otoño

Semana de la Castaña en Jubrique entre sabores y tradición

Bosque de castaños en otoño

La castaña como símbolo de identidad

En Jubrique, la castaña no es solo un alimento; es una raíz profunda que sostiene la vida del pueblo. Desde hace generaciones, el castañar ha sido sustento económico y paisaje emocional. Su madera se ha utilizado en casas y muebles, y su fruto ha nutrido mesas y celebraciones. Hoy, esa misma castaña trasciende los usos tradicionales y se convierte en símbolo de desarrollo rural.

Cada otoño, la recolección marca el ritmo de las familias locales. El fruto no solo se vende a granel en mercados europeos gracias a su tamaño, sabor y facilidad de pelado, sino que además inspira recetas, talleres y rutas que consolidan a Jubrique como epicentro gastronómico. La Semana de la Castaña en Jubrique es, por tanto, un homenaje a esta relación ancestral entre el ser humano y el árbol, entre el trabajo agrícola y la belleza natural.

De la “Semana de la Castaña” a la marca #Castañas

Hace años, la celebración era conocida como la “Semana de la Castaña”. Sin embargo, el tiempo y la visión de futuro la transformaron en algo más grande: el evento adoptó la marca #Castañas, un guiño digital que conecta la tradición rural con las dinámicas actuales de promoción turística.

Este cambio de nombre no fue un simple rebranding, sino una apuesta estratégica. Gracias al apoyo de la Diputación de Málaga y la Junta de Andalucía, Jubrique ha logrado visibilizar su festival en redes sociales y medios regionales, situándolo como referente en el turismo de interior. Hoy, quienes buscan experiencias auténticas encuentran en este evento una mezcla única de cocina, cultura y naturaleza.

La modernización de la marca asegura que el legado local trascienda las fronteras del Valle del Genal. Pero, al mismo tiempo, mantiene viva la esencia original: celebrar la castaña como parte inseparable de la identidad jubriqueña.

Jubrique

Un festival con impacto local y regional

Un programa diverso y lleno de sabor

La Semana de la Castaña en Jubrique no es un simple festival, es una experiencia que transforma cada rincón del pueblo en un escenario vivo donde la tradición se mezcla con la innovación gastronómica. Durante cuatro días, la Plaza de Andalucía y las calles del casco histórico se llenan de aromas, colores y actividades que hacen que cada visitante encuentre su propio motivo para volver.

  • Jueves: el arraigo local
    El programa comienza con una jornada reservada a los vecinos, reforzando el sentido de pertenencia y comunidad. Es el momento de los reencuentros, de preparar juntos lo que será el gran escaparate del fin de semana, y de mostrar cómo la vida rural se organiza en torno a la castaña.
  • Viernes: la profesionalización gastronómica
    El primer día abierto al público es un festival de conocimiento y sabor. Chefs de la Serranía de Ronda y del panorama andaluz presentan en directo recetas donde la castaña se convierte en protagonista inesperada: desde salsas delicadas hasta postres de vanguardia. Ese día también se da a conocer el recetario oficial, fruto de talleres de alta cocina que consagran a Jubrique como laboratorio gastronómico de referencia. La jornada se completa con talleres de maridaje de vinos del Valle del Genal, creando una experiencia sensorial que conecta el producto de la tierra con el arte culinario.
  • Sábado: la fiesta de los sentidos
    La jornada más concurrida combina actividades para todas las edades. Los niños participan en talleres creativos donde aprenden a conocer y cocinar la castaña, mientras los adultos disfrutan de la apertura del mercado gastronómico y artesanal, un espacio donde conviven productos locales como miel, embutidos, aceites y artesanías. Aquí, cada puesto cuenta una historia: la de familias que llevan generaciones trabajando la tierra y que encuentran en el festival una oportunidad para dar a conocer su labor. La tarde se llena de exhibiciones culinarias y música en directo, transformando la plaza en una celebración colectiva.
  • Domingo: naturaleza y despedida
    El broche de oro lo pone la naturaleza. Los senderistas recorren las veredas del Bosque de Cobre, envueltos en un espectáculo cromático que solo se da unas semanas al año. Otros se suman a rutas micológicas guiadas, descubriendo los secretos de las setas que brotan bajo los castaños. Este día es, para muchos, la síntesis perfecta del festival: gastronomía, paisaje y cultura unidos en una experiencia inolvidable.

Cada jornada de la Semana de la Castaña en Jubrique está pensada para ofrecer algo distinto, garantizando que el visitante, ya sea amante de la cocina, aficionado al senderismo o curioso explorador de lo auténtico, encuentre siempre un motivo para sentirse parte de la celebración. Es un programa que va más allá del entretenimiento: es un escaparate de identidad, un espacio de encuentro entre generaciones y una puerta abierta a la riqueza de la Serranía de Ronda.

La Ruta de la Tapa con Castaña

Si hay una actividad capaz de resumir el espíritu de la Semana de la Castaña en Jubrique, esa es sin duda la Ruta de la Tapa con Castaña. Más que un concurso gastronómico, es un recorrido emocional por las calles del pueblo, donde cada bar y restaurante se convierte en embajada de la creatividad culinaria.

Desde la noche del viernes hasta el domingo, los visitantes se lanzan a descubrir las propuestas de los establecimientos locales, que compiten por conquistar paladares con la castaña como ingrediente protagonista. Bares como Venta San Juan, Mesón La Pozuela, Bar La Flamenca o Bar La Plaza, entre otros, sorprenden con creaciones únicas que van mucho más allá de la castaña asada. Aquí la tradición se reinventa: croquetas doradas con corazón de castaña, guisos de carne con matices dulces, mousses delicados que convierten el fruto en un postre de autor.

La dinámica es sencilla, pero cautivadora: cada tapa se degusta acompañada de un ambiente cercano, de risas compartidas y del murmullo alegre de quienes recorren el pueblo con un mapa en mano, como si de un tesoro gastronómico se tratara. El concurso premia la innovación y la calidad, pero la verdadera recompensa es colectiva: los bares se llenan, el consumo se dispersa y la economía local se beneficia en cada rincón.

Además, la ruta cumple con un objetivo estratégico: extender la experiencia más allá de la plaza central y lograr que los visitantes recorran diferentes calles y rincones de Jubrique. De esta forma, no solo se descubren sabores, sino también fachadas encaladas, balcones floridos y el ritmo pausado de la vida rural.

En ediciones recientes incluso se han sumado iniciativas paralelas, como la presencia de un food truck con propuestas alternativas que, aunque fuera de concurso, añade variedad al recorrido. Cada año, los participantes esperan con expectación las nuevas creaciones, conscientes de que la castaña es un ingrediente versátil que aún guarda secretos por revelar.

La Ruta de la Tapa con Castaña es, en definitiva, un puente perfecto entre tradición y modernidad. Une a cocineros, vecinos y visitantes en un mismo itinerario, demostrando que la gastronomía puede ser al mismo tiempo motor económico, recurso turístico y experiencia emocional. Y, sobre todo, convierte cada bocado en un recuerdo imborrable, de esos que invitan a regresar una y otra vez al corazón del Valle del Genal.

Innovación culinaria: un recetario propio

La Semana de la Castaña en Jubrique no se limita a mostrar la versatilidad de un fruto tan humilde como la castaña. Su verdadera ambición es mayor: convertir a este producto agrícola en emblema de innovación, patrimonio culinario y motor de identidad local. De esta aspiración nace uno de los hitos más valiosos del festival: el recetario oficial de cocina con castañas.

El recetario no es un simple libro de recetas; es una declaración de intenciones. Surge del trabajo conjunto entre el Ayuntamiento de Jubrique, la Universidad Rural Paulo Freire de la Serranía de Ronda y un equipo de chefs de reconocido prestigio regional. Entre ellos destacan nombres como Iván Sastre, Mariano Ruiz del restaurante La Fructuosa, Federico Baglietto de la Escuela de Hostelería de Benahavís o Miguel Herrera del restaurante El Golimbreo. Cada uno aporta su experiencia y creatividad para reinterpretar la castaña desde distintos ángulos: como ingrediente principal, como guarnición innovadora o como base de postres únicos.

El resultado es un repertorio gastronómico que trasciende el consumo tradicional —la castaña asada en las brasas de la chimenea o comida en crudo durante una caminata otoñal— y la eleva a un universo culinario sorprendente. Entre sus páginas encontramos salsas suaves para acompañar carnes de caza, cremas aterciopeladas que capturan el sabor del bosque, bizcochos esponjosos que evocan la repostería casera y propuestas de alta cocina que sitúan a Jubrique en el mapa gastronómico andaluz.

Lo más importante es que este recetario cumple una doble función. Por un lado, garantiza la preservación de un legado culinario que podría perderse en la vorágine de la globalización. Y por otro, proyecta al municipio hacia el futuro, posicionándolo como un referente de innovación rural capaz de generar un producto gastronómico singular y diferenciado. No se trata solo de comer castañas, sino de redescubrirlas bajo una mirada contemporánea que respeta la tradición mientras explora nuevas posibilidades.

Además, el recetario se ha convertido en un recurso turístico en sí mismo. Los visitantes que participan en los talleres o adquieren un ejemplar se llevan a casa un pedazo del Valle del Genal, un recordatorio tangible de que la autenticidad también puede escribirse en forma de plato. Muchos viajeros lo utilizan después para recrear en su cocina personal lo vivido en el festival, prolongando la experiencia más allá del propio evento.

En definitiva, la creación de un recetario propio confirma que Jubrique no quiere ser solo espectador de su riqueza agrícola, sino protagonista de una transformación cultural. Con este trabajo colectivo, el municipio da un paso decisivo para convertir la castaña en un símbolo de innovación rural, capaz de inspirar tanto a la gastronomía local como a la internacional.

Valle del Genal

Más allá de la fiesta: motor contra la despoblación

La Semana de la Castaña en Jubrique no es solo un festival que se vive en las plazas y calles; es, sobre todo, una estrategia vital para garantizar el futuro de un municipio que comparte con muchos pueblos de la Serranía de Ronda un desafío común: la despoblación.

En la última década, Jubrique ha visto cómo el éxodo hacia las ciudades ha dejado casas vacías y calles más silenciosas. Frente a esta realidad, el festival surge como un faro de esperanza. Cada edición no solo atrae visitantes, sino que también genera oportunidades económicas y culturales que se traducen en empleo, actividad comercial y, lo más importante, orgullo de pertenencia.

El impacto se percibe en varios niveles:

  • Dinamización económica inmediata: durante los días del evento, bares, restaurantes, tiendas y alojamientos experimentan una ocupación plena. Las casas rurales en Jubrique se convierten en refugio de quienes buscan vivir la experiencia completa, y cada casa rural en Jubrique refuerza su papel como embajadora de la hospitalidad local. Lo mismo ocurre en la comarca: el festival potencia la demanda de casas rurales en la Serranía de Ronda, invitando a prolongar la estancia y explorar pueblos vecinos.
  • Inversiones estratégicas a largo plazo: el apoyo de la Diputación de Málaga y la Junta de Andalucía no se limita a presencia institucional. La subvención de 300.000 euros para la construcción del Hotel Municipal es una apuesta firme por convertir el turismo en motor anual, y no solo estacional. Esta infraestructura, una vez en marcha, ampliará la capacidad de acogida y permitirá la llegada de grupos organizados, algo clave para diversificar la economía local.
  • Visibilidad territorial: el festival trasciende el marco local gracias a la marca #Castañas, que conecta el evento con redes sociales y medios regionales. Cada fotografía compartida, cada reseña positiva y cada receta reproducida en otra ciudad convierte a Jubrique en referente de turismo rural innovador y consciente.
  • Orgullo comunitario: no hay estrategia más eficaz contra la despoblación que hacer sentir a los vecinos que su tierra tiene valor. En cada edición, los jubriqueños participan activamente, desde la organización de actividades hasta la atención en bares y mercados. Esa implicación convierte el festival en una fiesta de todos, reforzando lazos y transmitiendo a las nuevas generaciones la certeza de que quedarse en el pueblo también es un proyecto de vida.

Por todo ello, la Semana de la Castaña en Jubrique es mucho más que gastronomía y naturaleza: es una herramienta de desarrollo territorial que demuestra que el turismo rural, bien gestionado, puede ser sinónimo de sostenibilidad, identidad y futuro. Un ejemplo de cómo una tradición agrícola puede reinventarse hasta convertirse en la semilla que mantiene vivo el corazón de un pueblo.

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Fechas y acceso

El calendario de la Semana de la Castaña en Jubrique se alinea con la propia naturaleza. El festival suele celebrarse en la segunda quincena de noviembre, cuando el Bosque de Cobre alcanza su máximo esplendor. Esa franja no es casualidad: coincide con el final de la cosecha y con el instante más mágico del Valle del Genal, cuando los castaños, en un último gesto antes del invierno, se visten de amarillos, naranjas y rojos que iluminan la montaña.

Para el viajero, llegar a Jubrique forma parte de la experiencia. No se trata de un destino de paso, sino de un lugar que requiere decisión, calma y deseo de descubrir.

  • Desde la Costa del Sol, el acceso más directo es la carretera MA-8301, que serpentea desde Estepona hacia el interior, regalando a cada curva miradores naturales sobre el Mediterráneo y las primeras laderas de la Serranía de Ronda.
  • Desde Ronda, Algeciras o Manilva, la ruta principal es la A-369, con desvío en Algatocín hacia la carretera MA-8305, un tramo que, aunque estrecho y sinuoso, conduce al corazón de Jubrique entre paisajes de postal.

Este viaje por carreteras secundarias, lejos de ser un inconveniente, es una invitación a reducir la velocidad y dejarse envolver por la belleza de la Serranía. Es el prólogo perfecto a la experiencia que aguarda en el pueblo: un recordatorio de que lo auténtico rara vez se encuentra en las autopistas.

Eso sí, quienes viajen en coche deben tener en cuenta la afluencia del festival. Los organizadores recomiendan prever tiempo extra y estar atentos a las zonas de aparcamiento habilitadas en las entradas del pueblo. Muchas veces, lo mejor es dejar el coche y recorrer a pie las calles empedradas, descubriendo cada detalle a un ritmo pausado.

En cuanto al alojamiento, la recomendación es clara: reservar con antelación. Las casas rurales en Jubrique y sus alrededores suelen llenarse rápidamente en estas fechas. Disfrutar de una casa rural en Jubrique significa despertarse con vistas al Valle del Genal, encender la chimenea tras un día de actividades y compartir el silencio estrellado de la noche serrana. Para quienes deseen explorar más allá, la oferta de casas rurales en la Serranía de Ronda es amplia y variada, desde cortijos tradicionales hasta alojamientos boutique que combinan rusticidad y comodidad. Una casa rural en la Serranía de Ronda es también una base perfecta para enlazar el festival con visitas a otros pueblos del valle.

En definitiva, las fechas y el acceso al festival son parte esencial de su encanto. Llegar a Jubrique en noviembre es un viaje en todos los sentidos: un desplazamiento físico hacia un rincón escondido de Málaga y, al mismo tiempo, un viaje interior hacia la calma, la autenticidad y el sabor más profundo del otoño.

Valle del Genal en otoño

Un calendario festivo más amplio

La Semana de la Castaña en Jubrique es la joya otoñal del municipio, pero no está sola. Forma parte de un calendario cultural y festivo cuidadosamente tejido para mantener vivo el pulso del pueblo a lo largo de todo el último trimestre del año. Jubrique ha entendido que la clave para luchar contra la estacionalidad turística está en diversificar su propuesta, y lo hace con una autenticidad que pocas localidades pueden ofrecer.

  • Octubre: la Feria de San Francisco de Asís
    Un mes antes de que las castañas dominen la escena, Jubrique se viste de fiesta en honor a su patrón. La feria es un encuentro de identidad y tradición, con procesiones, música y convivencia vecinal. Para quienes se hospedan en una casa rural en Jubrique durante esos días, la experiencia es doble: disfrutan del ambiente festivo y, al mismo tiempo, de la calma de la vida rural en los alrededores.
  • Noviembre: la Semana de la Castaña en Jubrique
    El epicentro gastronómico y turístico, donde el Bosque de Cobre actúa como telón de fondo. Es el momento en el que visitantes de toda Andalucía y más allá llenan las casas rurales en Jubrique y buscan también opciones de casas rurales en la Serranía de Ronda para prolongar su estancia. Así, el festival se convierte en catalizador de un turismo que beneficia no solo al pueblo, sino a toda la comarca.
  • Diciembre: el Concurso de Aguardiente
    Cuando las luces navideñas empiezan a brillar, Jubrique recuerda otra de sus tradiciones más antiguas: la destilación artesanal de aguardiente. Este concurso, que se remonta al siglo XVIII, es mucho más que una competición: es un homenaje a la sabiduría transmitida de generación en generación, a la paciencia del alambique y a los sabores intensos que narran historias de invierno. Quienes visitan el pueblo en estas fechas descubren un ambiente íntimo y auténtico, perfecto para quienes buscan experiencias diferentes y quieren cerrar el año con un viaje singular.

Este trío festivo —la Feria de San Francisco en octubre, la Semana de la Castaña en Jubrique en noviembre y el Concurso de Aguardiente en diciembre— convierte al municipio en un referente de turismo cultural y gastronómico en el interior de Málaga. Además, logra algo aún más importante: ofrecer razones constantes para volver.

Algunos visitantes llegan en otoño atraídos por la magia del Bosque de Cobre y la gastronomía de la castaña, pero regresan en invierno para vivir la calidez del aguardiente o en primavera para recorrer rutas de senderismo. En ese ciclo virtuoso, Jubrique consigue que sus calles, sus bares y sus alojamientos —desde una pequeña casa rural en la Serranía de Ronda hasta la futura infraestructura del hotel municipal— mantengan vida durante todo el año.

De esta manera, el calendario festivo de Jubrique no es solo un listado de eventos, sino una estrategia integral de dinamización cultural, turística y económica. Cada celebración, con su propia personalidad, forma parte de un todo mayor: la reafirmación de que los pueblos rurales, con creatividad y autenticidad, pueden escribir un futuro sostenible y atractivo para propios y visitantes.

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Semana de la Castaña en Jubrique: tradición viva y futuro sostenible

Visitar Jubrique en otoño es mucho más que asistir a un festival gastronómico: es adentrarse en la esencia de un pueblo que ha sabido convertir su mayor riqueza natural en una estrategia de futuro. La Semana de la Castaña en Jubrique es, en sí misma, un relato vivo de cómo tradición y modernidad pueden caminar de la mano cuando el objetivo es claro: preservar la identidad, luchar contra la despoblación y ofrecer al viajero una experiencia inolvidable.

Cada noviembre, el Bosque de Cobre envuelve el municipio en un espectáculo visual que parece salido de un lienzo, mientras las calles se llenan de aromas a castañas asadas, risas compartidas y música popular. Los talleres gastronómicos, la Ruta de la Tapa y el recetario oficial no son simples actividades, sino hitos que elevan a la castaña a un lugar de honor, demostrando su versatilidad y su potencial como emblema culinario de la Serranía de Ronda.

Pero el verdadero valor del festival trasciende lo inmediato. Las inversiones en infraestructura, como el futuro hotel municipal, las alianzas con las instituciones y la dinamización de las casas rurales en Jubrique y en toda la comarca, consolidan este evento como motor de desarrollo territorial. Quien se aloja en una casa rural en Jubrique durante estas fechas no solo disfruta del festival, sino también de la hospitalidad vecinal y de la serenidad que solo la vida en el campo puede ofrecer. Y quienes amplían su viaje descubriendo otras casas rurales en la Serranía de Ronda encuentran un mosaico de paisajes, tradiciones y sabores que completan una experiencia única.

Al mismo tiempo, el calendario festivo más amplio —con la Feria de San Francisco de Asís en octubre y el Concurso de Aguardiente en diciembre— asegura que el espíritu festivo de Jubrique se extienda más allá de un único mes, diversificando la oferta y atrayendo visitantes en distintas épocas del año. Este esfuerzo por mantener vivo el pulso del pueblo es la prueba de que el turismo rural puede ser mucho más que ocio: puede ser motor de comunidad, orgullo local y herramienta de transformación.

La Semana de la Castaña en Jubrique nos recuerda, en definitiva, que el verdadero lujo está en lo sencillo: en degustar un plato preparado con cariño, en caminar entre castaños dorados que susurran historias de generaciones pasadas, en conversar con vecinos que comparten su tierra como quien abre las puertas de su hogar.

Quien viaja a Jubrique no solo asiste a un festival, sino que se convierte en parte de una tradición que mira al futuro con esperanza. Y, al hacerlo, descubre que en cada castaña, en cada receta, en cada piedra de sus calles, late un mensaje profundo: que la autenticidad es el verdadero camino hacia la sostenibilidad, y que lo rural tiene mucho que ofrecer a quienes buscan lo genuino.

¿Te animas a vivirlo este año? Jubrique te espera, con el Bosque de Cobre como telón de fondo y con la promesa de un viaje que quedará grabado en la memoria como el sabor más auténtico del otoño andaluz.

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Dónde está Jubrique

Enclavado en el corazón de la Serranía de Ronda, a unos 100 kilómetros de Málaga, se encuentra Jubrique, un pequeño pueblo blanco que se asoma al majestuoso Valle del Genal. Rodeado por el espectáculo otoñal del Bosque de Cobre, donde los castaños tiñen las montañas de oro y fuego, Jubrique es un destino que encarna lo auténtico de Andalucía rural. Sus calles empedradas, su hospitalidad sincera y su tradición agrícola lo convierten en un lugar único, donde la naturaleza y la cultura se entrelazan de forma inseparable. Aquí, la castaña no es solo un fruto, sino un símbolo de identidad y motor de desarrollo. Visitar Jubrique en otoño es descubrir un paisaje de postal y, al mismo tiempo, participar en una celebración que une pasado y futuro: la Semana de la Castaña en Jubrique, la fiesta más genuina del Valle del Genal.

Tras vivir la magia de la Semana de la Castaña en Jubrique, Andalucía abre un sinfín de caminos para seguir explorando lo auténtico. Desde los pueblos blancos de la Serranía de Ronda hasta los rincones más ocultos de la Alpujarra o Sierra de Aracena, cada destino guarda su propia esencia. Alojarse en casas rurales en Andalucía es la forma más genuina de descubrir estas jornadas: despertar entre montañas, saborear productos locales y dejarse envolver por tradiciones que siguen vivas. Andalucía siempre tiene un rincón nuevo que invita a volver. 

Preguntas frecuentes sobre la Semana de la Castaña en Jubrique

El evento suele celebrarse en la segunda quincena de noviembre, coincidiendo con el esplendor del Bosque de Cobre y el final de la cosecha de castañas.

Durante cuatro días, el festival combina gastronomía, naturaleza y cultura: talleres de cocina, Ruta de la Tapa con Castaña, mercado artesanal y rutas de senderismo por el Valle del Genal.

Las casas rurales en Jubrique son la opción ideal para disfrutar del evento. También puedes encontrar encantadoras casas rurales en la Serranía de Ronda, perfectas para prolongar tu escapada.

Desde Estepona se accede por la carretera MA-8301 y desde Ronda o Algeciras por la A-369, tomando el desvío MA-8305 en Algatocín. Es un trayecto de montaña, ideal para disfrutar del paisaje.

Porque no es solo una fiesta gastronómica: es un símbolo de identidad, una apuesta por el turismo rural sostenible y una experiencia única en el corazón de Andalucía.

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