Qué ver en el Parque Natural Sierra de Baza


El Parque Natural Sierra de Baza fue declarado como parque natural en 1989. Su estratégica ubicación como zona de paso entre Andalucía y el levante español a través del camino natural, el cual supone el surco intrabético, hizo que la huella del hombre en estas tierras se remonte al Paleolítico Inferior.

Patrimonio del Parque Natural Sierra de Baza

La vivienda popular que se estila en la zona del Parque Natural Sierra de Baza tiene principalmente dos versiones. Por un lado, se prodigan las casas de reminiscencias romano-musulmanas de estructura de madera, con balcones de grandes vuelos y paredes encaladas. La otra opción tiene aires trogloditas y surge a partir de la adecuación de las numerosas cuevas que hay en sus montículos arcillosos. Entre sus características destaca el desmonte delantero que genera una terraza por la que se accede a la vivienda y la puerta arqueada con jambas de ladrillo. Suelen ser de un solo piso con suelos de baldosas de barro cocido y, tanto en su interior como en su exterior, aparecen recubiertos de cal.

Por otro lado, el Cortijo de Narváez funciona como centro de recepción e interpretación dentro del Parque Natural Sierra de Baza.

El término municipal de Baza cuenta con cinco áreas recreativas dentro del Parque Natural Sierra de Baza: el Área Recreativa Fuente del Pino, el Área Recreativa Tablas, el Área Recreativa La Canaleja, el Área Recreativa Pinarillo y el Área Recreativa Bastidas. Sin embargo, el Área Recreativa Los Olmos pertenece a Caniles.

También podrás encontrar en el Parque Natural Sierra de Baza el llamado Pozo de la Nieve, un refugio de montaña de propiedad municipal que recibe al caminante en los Prados del Rey. En otro tiempo, los serranos instalaron aquí su frigorífico natural y en verano hacían uso de él para conservar alimentos y fabricar helados.


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Paisajes del Parque Natural Sierra de Baza

El Parque Natural Sierra de Baza se asienta con sus 52.337 ha. en la zona centro-oriental de la provincia de Granada. Rodeado de un árido paisaje y vestido de verde intenso, se alza como isla montañosa y climática en el centro de la Hoya de Guadix y la Hoya de Baza como contrapunto a las altiplanicies que lo circundan.

La base del macizo del Parque Natural Sierra de Baza marca sus dominios sobre la llanura y pone freno al avance del desierto.

Los términos municipales de Baza, Caniles, Gor, Dólar y Charches confluyen en esta reserva ecológica. Las localidades de Baza, Caniles y Gor, bordean el perímetro del Parque Natural Sierra de Baza.

La intrincada orografía marca la red hidrográfica del Parque Natural Sierra de Baza. La Sierra de Baza establece la divisoria de aguas entre la Hoya de Guadix y la Hoya de Baza. Su río principal es el río Gor, que recoge las aguas de la vertiente sur a manos del Barranco de las Casas de Don Diego y desemboca en el río Guadiana Menor.

Las alturas de esta cadena montañosa oscilan entre los 847 metros de la villa de Baza y los 2271 metros del Calar de Santa Bárbara. Desde su cima se divisa una impresionante panorámica de las cadenas montañosas que rodean al Parque Natural Sierra de Baza.

Otras elevaciones importantes son el Rapa (2228 m), el Picón de Gor (2157 m), el Calar de San Sebastián (2159 m) y el Calar del Descabezado (2000 m). En invierno sus cimas y partes más altas están nevadas. Más al norte se alza hacia el cielo la mole de Cerro Quintana (1921) y por el sur destacan las cumbres de San Cristóbal (1458 m) y Las Tejoneras (2030 m). La naturaleza de estas montañas es básicamente caliza. Los materiales impermeables abundan en estos parajes de acusada pendiente y con el deshielo aparecen gran cantidad de zonas encharcadas, como la meseta que descansa al pie del Calar de Santa Bárbara, tapizada de verdes prados gran parte del año. En el sector norte y centro del parque surgen cuevas y lapiaces propios de su morfología kárstica.

La intensa actividad minera de otros tiempos también ha dejado sus huellas, con las minas de caliza y yeso, hoy abandonadas. Ligados a la naturaleza calizo-dolomítica hacen acto de presencia los acuíferos que emergen a la superficie en forma de manantiales y fuentes, tales son la Fuente de las Víboras, cercana al Barranco de los Hoyos, la Fuente de los Atrevidos y de Morales, en el sureste, y la Fuente del Royo del Serval, en su límite occidental. Las surgencias brotan cristalinas en el Barranco de la Fraguara, el Barranco de Jarales y el Barranco de las Casas de Don Diego.

Por último, en la zona sur y centro-oriental se procedió al aterrazamiento de sus laderas para que fueran repobladas de pinos, mientras que sobre sus dominios meridionales perviven reductos glaciares.


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Flora del Parque Natural Sierra de Baza

El Parque Natural Sierra de Baza goza de un clima mediterráneo semiárido. Las lluvias son copiosas en otoño y en primavera. Tienen mayor incidencia en la vertiente norte que en la sur y suelen ser más abundantes en el oeste que en el este, debido a que las nubes procedentes del océano no consiguen atravesar las grandes elevaciones y descargan en su costado occidental. Los vientos del oeste son los más intensos. Lo más típico de su climatología viene dado por sus días de sequía estival.

Todo esto influye en la vegetación que cubre el Parque Natural Sierra de Baza, la cual se ve influenciada por la reforestación masiva a base de pino negral y pino carrasco que se acometió en la década de los cuarenta y cincuenta, a cuyos pies brota en otoño el paraíso de las setas. Sin embargo, en su escabrosa fisonomía conviven aún fragmentos del primitivo bosque mediterráneo, pinares autóctonos y pastizales de alta montaña, especies de hoja caduca que ocupan las áreas más húmedas y masas de coníferas de repoblación. La vegetación adopta distintos ropajes en función de la altura. Entre los novecientos y los mil cuatrocientos metros pervive el encinar original con el oloroso cortejo de la retama, el romero y la jara blanca. A su alrededor surgen altos matorrales de enebro, torvisco, coscoja y espinos. Otras plantas trepadoras como esparragueras y madreselvas junto con peonías, orquídeas, primaveras y musgos completan la vegetación. Los Llanos del Chaparral y la Dehesa del Raposo son fiel ejemplo de este ecosistema mediterráneo. En las zonas castigadas por el pastoreo, la dehesa se adueña del paisaje en compañía de coscojas, retamas y escobones que con dos metros de envergadura forman auténticos bosquetes.

Donde los árboles han desaparecido, aparecen compactos espartales y romerales salpicados de tomillo, siempreviva, escobilla, cardo corredor o cardo lechero. Entre los mil trescientos y los mil ochocientos metros el encinar pierde densidad y categoría. Son las especies espinosas las que invaden los suelos profundos y secos de la mano del agracejo, el majuelo y las rosas silvestres, a los que se suman el endrino, el eléboro y la «Ononis aragonensis».

En los terrenos pedregosos del Parque Natural Sierra de Baza florece la salvia y el espliego, mientras que el pino negral desciende de las cumbres para ocupar las pendientes pronunciadas. Sobre las tierras pobres y exentas de matorral brotan una abultada cantidad de especies que forman los llamados pastizales puros. En algunas umbrías y barrancos aún perviven como botón de muestra modestos bosques de arces y espinos, escoltados por el escaramujo, la peonía, la madreselva, el eléboro y la primavera, cuya degradación da paso a un intrincado tapiz dominado por el majuelo, el endrino andaluz, la zarza, los rosales y el agracejo. Al llegar el otoño estos bosques caducifolios protagonizan una explosión cromática y las copas de los arces tiñen el paisaje de rojos y ocres.

Por encima de los mil ochocientos metros el Parque Natural Sierra de Baza guarda su mayor tesoro. Como auténticas reliquias botánicas, los bosques de pino albar y pino salgareño se yerguen sobre sus cumbres para recordarnos lo que fueron los originales pinares béticos del sureste andaluz. Su esbelta figura brilla con luz propia en el núcleo central del macizo de Baza, en especial sobre el Calar de Santa Bárbara y los Prados del Rey, el Calar de San Sebastián, la Fonfría, el Relumbre y el Mayoral. En umbrías y suelos potentes crecen densos hasta alcanzar más de diez metros de altura. Debido a su avanzada edad y a la acción incesante del viento, sus copas suelen presentar forma de bandera. Una tupida alfombra de enebros y sabinas rastreras se arremolina en su entorno, aunque también encuentran acomodo otras especies arbustivas y plantas espinosas de hoja caduca durante las estaciones más húmedas.

Los piornales ocupan las crestas y roquedos junto al tomillo y una comunidad espinosa que planta cara a la nieve, al hielo y al tórrido verano: el mancaperros, el asiento de monja y el piorno de crucecitas. Sobre las rocas que contienen algo de magnesio florecen muchos de sus veintiún endemismos.

Los verdes prados de alta montaña son frecuentes en varios puntos de la Sierra de Baza, pero especialmente significativos en los llamados Prados del Rey, próximos al Calar de Santa Bárbara y a dos mil metros de altura. Aunque menos extensos, también tienen presencia en la ladera norte del barranco y de Fonfría. Su profusa vegetación herbácea forma verdaderos borreguiles, muy similares a los de Sierra Nevada.


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Fauna del Parque Natural Sierra de Baza

Una fuente importante de riqueza en la zona del Parque Natural Sierra de Baza es la ganadería, con la oveja segureña. La caza y la apicultura también aportan sus beneficios.

Aunque la mayor parte de la jurisdicción del Parque Natural Sierra de Baza es de titularidad pública, cuenta con un sector dedicado a la actividad cinegética que gestiona una sociedad de cazadores en estrecha colaboración con la Agencia de Medio Ambiente.

El lobo, el lince, el corzo y el ciervo desaparecieron del Parque Natural Sierra de Baza sin dejar rastro a lo largo del pasado siglo. No obstante, en el hábitat que tapiza sus laderas encuentran cobijo la gineta, el tejón, la garduña, la comadreja, el conejo, la liebre y un buen número de aves y roedores.

En los dispersos bosques de arces que dan testimonio de su pasado vegetal campan el gato montés y el búho real. Mientras al resguardo de los encinares de intrincada vegetación y bajo la penetrante mirada del águila calzada y el águila perdicera, se buscan la vida el zorro, el jabalí, el ratón de campo, la culebra bastarda, la culebra lisa, la culebra de escalera, la salamanquesa común y la lagartija rabilarga.

En el pinar autóctono del Parque Natural Sierra de Baza, que ha conseguido llegar impecable hasta nosotros en aras de su inaccesibilidad, habita el azor, mientras que por encima de esta altura y en torno a los prados de alta montaña han establecido su coto privado de caza varias parejas de águila real.

La cabra montés, reducida a pequeñas poblaciones, se despeña a gran altura sobre la roca desnuda mecida por el trino de collalbas, roqueros y escribanos. Y el buitre leonado surca el cielo muy atento y coincide en su vuelo con el ratonero.

Ante semejante despliegue de vida el Parque Natural Sierra de Baza no puede seguir siendo ese gran desconocido y, desde la provincia de Granada, te invita a descubrir los encantos de una isla montañosa.


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Otras curiosidades del Parque Natural Sierra de Baza

Si eres amante del senderismo podrás encontrar numerosos caminos forestales que surcan el Parque Natural Sierra de Baza en todas las direcciones. El más importante es el Sendero GR-7, auténtica autopista forestal que conecta estas tierras con los Pirineos.

Además, el Parque Natural Sierra de Baza ofrece al visitante un servicio de guías para degustar sus intimidades de la mano de expertos. También se realizan trabajos de campo y otro tipo de actividades relacionadas con la artesanía de la comarca.

Por otro lado, la influencia de la raza humana en las tierras del Parque Natural Sierra de Baza se remonta al Paleolítico Inferior. Esto se pone de manifiesto con el yacimiento de la Cuesta de Baza, donde se han encontrado huesos de caballos, elefantes y rinocerontes a los que el hombre daba caza hace setecientos cincuenta mil años.

Del Eneolítico se encontraron pinturas rupestres de burdo estilo esquemático en el Monte Jabalcón y necrópolis megalíticas.

Mientras, en el área de Gor y Gorafe se localizan sepulcros de la Edad de Bronce, aunque su época dorada llegó con la Edad del Hierro. Es entonces cuando germinaron las legendarias metrópolis de Basti y Tútugi, las actuales ciudades de Baza y Galera. Basti se erigía en el centro neurálgico de la llamada Bastetania, e incluso acuñó moneda; mientras que Tútugi entabló intensos lazos comerciales y culturales con griegos y cartagineses. Sus habitantes fueron los continuadores de la cultura de El Algar y se les distingue de los pueblos íberos en tanto que se situaron más al oeste y se vincularon al mundo tartésico.

El espectacular yacimiento del Cerro del Santuario o Cerro de los Tres Pagos desveló muchas incógnitas sobre Basti. En su famosa necrópolis se descubrió la enigmática Dama de Baza. Esta necrópolis alberga un gigante cementerio que reposa sobre un cerro de cien metros de largo por cuarenta de ancho y acoge unos ciento setenta enterramientos diferentes con sus respectivos ajuares que abarcan un período comprendido entre los siglos V y III a. C.

En el primer tercio del siglo III a. C., los cartagineses conquistaron la Bastetania. Durante la dominación romana perdieron su soberanía sobre esta región a manos de Acci, la primitiva Guadix. La huella romana pervive en el Cerro del Cepero, donde descansa una necrópolis de incineración y restos de una gran villa con abundante cantidad de cerámicas y esculturas, como el togado que hoy se exhibe en el Museo Arqueológico Nacional. Basti fue un importante paso romano que desde los Pirineos llegaba hasta Cástula (Linares) y aún se conservan vestigios de aquella Vía Augusta, que tendía un puente entre la Bética y Taha.

En el siglo VI los visigodos conquistaron estas tierras y a principios del siglo VIII los musulmanes conquistaron la ciudad; a partir de este momento su población, básicamente muladí, se entregó al comercio y la industria artesanal. La ganadería y la agricultura se convirtieron en la base económica de la comarca, con la cría de caballos y el ganado lanar. Cuando la España árabe se fragmentó en los reinos de taifas, Medina Bastha queda bajo la órbita de Granada, jugando un papel importante dentro del sistema defensivo de la frontera norte. Contaba con una poderosa muralla, de la que quedan cuatro torres albarranas y otras dos torreones más pequeños de mampostería de piedra y tapial. Esta y las fortalezas de Huéscar, Orce, Caniles, Benzalema y Benamaurel establecían en su torna un cinturón exterior de seguridad.

De su pasado musulmán Baza conserva uno de los baños más antiguos de la Península Ibérica. Fue levantado entre los siglos X y Xl con poderosos muros y cubierto por recias bóvedas. En él se muestran tres salas inscritas en un rectángulo que se comunican por medio de arcos.


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