Cueva de Nerja - Acantilados de Maro

Cueva de Nerja - Acantilados de Maro


Nerja, Málaga


DESCRIPCIÓN

  Comenzamos este itinerario en una visita a la Cueva de Nerja a la que se accede desde la carretera nacional 340. Una vez visitada nos dirigimos al Paraje Natural de los Acantilados de Maro, de 365 hectáreas de superficie, 1 milla de mar y 8 km de costa. Corresponde a las estribaciones más meridionales de la Sierra de Almijara en su contacto con el mar de Alborán. Para su recorrido tomamos como trayecto matriz la  carretera nacional 340 a su paso por este paraje y descenderemos hacia el mar aprovechando los carriles y barrancos que conducen a las caletas más importantes. La intransitabilidad de costa por la abundancia de acantilados y barrancos, nos impide unos itinerarios claros y de dimensión razonable, pero unas visitas puntuales serán suficientes para acercamos a los valores naturales de este entorno.
Así, tras visitar la Cueva de Nerja, nos dirigimos a la Playa de Maro, a la que accedemos por una carretera que desciende desde la citada localidad. Luego volvemos a la carretera nacional 340, dejando al sur la Torre de Maro accesible y buen mirador. Tras una bajada cruzamos el Río de la Miel, parada interesante si bajamos por el viejo puente al Molino de Papel, y acceso a un sector de Sierra Almijara. Cercano y a la altura del km. 299, descendemos por un carril hacia la Cala y Playa de las Alberquillas, limitada al este por la Torre del Pino. De nuevo en la carretera nacional, pasado el km. 302 un camino desciende a la Cala del Cañuelo, reducida pero que nos permite avanzar por una senda hacia el este, entre los escollos del Peñón del Fraile. Alcanzamos la Casa de los Carabineros y una subida nos lleva a la Meseta y Torre Caleta, al pie del vertical Cerro Caleta. Una vereda entre bancales asciende de nuevo a la carretera. Justamente coincidiendo con el límite interprovincial, en el puente de la nacional, bajamos por el Barranco de Cantarriján, hasta llegar a la playa y cala de Cantarriján. De nuevo subimos a la carretera por un carril entre urbanizaciones, y ya en la provincia de Granada, visitamos el enorme Cerro Gordo, se accede fácilmente desde el viejo trazado de la carretera nacional 340 (sobre el túnel actual) al Mirador de Cerro Gordo, desde donde podremos bajar un poco hacia el acantilado. 

Cueva de Nerja
 

Sin duda esta zona del itinerario es la que reviste mayor vistosidad, aunque también es la más conocida. Se trata de uno de las cavernas más importantes y llamativas de nuestra geografía, no sólo por la abundancia de temas espeleológicos  y su tamaño (casi un millón de metros cúbicos de volumen), sino por albergar una secuencia de yacimientos prehistóricos muy amplia que han situado a esta cueva como “paradigma” de las dataciones arqueológicas del sur de la Península. La naturaleza del sustrato consta de mármoles calizo-dolomíticos.
La cueva se encuentra situada a los pies del Cerro Romero (614 m.) en el borde meridional de la Sierra de Almijara, entre los valles de los arroyos de Maro y del Campillo. Toda la cavidad que se puede visitar se desarrolla sobre una superficie de 700 x 200 m, con una superficie total de unos 140.000 m2,  con una orientación Norte -Sur.
La entrada que actualmente se usa para el acceso a su interior es artificial. Al parecer, originariamente la entrada estaba situada al sur de la Sala de la Mina y al borde oeste de la Sala del Vestíbulo, formando una especie de visera. Por la ladera del Cerro Romero debió discurrir agua, entrando por dos torcas aún visibles hoy día en los alrededores de la Cueva, y este flujo sería el causante del relleno de la cavidad, el retroceso de la visera y el cierre de la entrada.
El conjunto consta de un sistema de salas amplias de techo muy alto. En su término (Sala del Cataclismo) se continúa, por un túnel artificial, con otro sistema de galerias de menor volumen, pero más largo: las Galerías Altas. La visita a las Galerías Bajas se inicia en la llamada Sala del Vestíbulo, estrecha cámara de 14 m., de gran interés arqueológico. Paralela a ésta se encuentra el túnel de salida desde el cual se puede acceder a otras dos salas, en primer lugar encontramos la Sala de la Mina, especie de galería estrecha que comunica con el exterior por una pequeña torca; esta sala desemboca en otra de forma circular en cuyo techo se abre una torca de mayores proporciones, hecho por el cual se denominó Sala de la Torca. Tras la Sala del Vestíbulo, se alcanza una sala pintoresca, con abundantes estructuras espeleológicas (estalagmitas, estalactitas, cortinas, columnas, etc.), se trata de la Sala del Belén, también de interés arqueológico. Al avanzar hacia la izquierda, y tras un pasillo de transición, se alcanza una enorme sala, de 30 m. de ancho por 25 m. de altura, llamada Sala de la Cascada o del Balet, llamada así por la presencia de escalinatas de origen estalagmítico (“gours”) que recuerdan una cascada de piedra. A continuación se alcanza otra sala más pequeña, llamada Sala de los Fantasmas, por las curiosas formas de algunas estalagmitas y en la que destaca una enorme columna de unos 8 m. de diámetro. Finalmente, se alcanza la última sala, que es la más grandiosa y en la que sobresale en su centro una enorme columna de unos 60 m. de alto por 18 m. de diámetro, que descansa en un suelo en el que abundan los clastos, estalactitas desprendidas del techo y posteriores recubrimientos estalagmíticos, que demuestran que hubo un cataclismo, de ahí el nombre de Sala del Cataclismo.
A pesar de la espectacularidad de esta cueva, la zona abierta al público es tan sólo el 25% de la superficie de la misma, pues la mayor parte, las llamadas “Galerías Altas”, su acceso es más dificultoso y es desaconsejable su visita masiva. Sin embargo, recientemente se ha puesto en práctica una modalidad de visita guiada que requiere cierta forma física: el espeleoturismo, que se hace en pequeños grupos (de 10 personas) en una visita semanal de unas 5 horas, salvo los meses estivales, en los que se recorren unos 3,5 km. En las galerías altas destacan salas tales como: Las Columnas de Hércules, Las Cabras, La Inmensidad (con indicios de ocupación humana durante el Paleolítico), Los Niveles, La Lanza (sala de 100 m llamada así por la existencia de una estalactita clavada en el suelo) y La Montaña (enorme sala, que dobla la envergadura de la sala del Cataclismo). Estas salas tienen una belleza muy superior a las zonas abiertas. 
Además en ella se pueden observar numerosas representaciones rupestres, tales como cabras, ciervos y algunas representaciones esquemáticas que aluden a delfines o peces (Santuario de los Delfines) atribuido al Magdaleniense.
 

Punta de Maro
 A lo largo de todo este itinerario presenciaremos diversas torres vigías, también denominadas almenaras o torres de señales, pues su principal función era avisar en caso de peligro. Si bien las primeras torres se levantaron en tiempos del reino nazarí, será con los Reyes Católicos y, sobre todo, en el siglo XVI cuando formen parte de las líneas defensivas establecidas en nuestras costas para repeler invasiones marítimas o ataques piratas. En general son de una estructura arquitectónica muy elementales. Se tratan de volúmenes cilíndricos o troncocónicos, con espesos muros, siendo su base maciza en la mayoría de ellas, y una cámara abovedada situada a gran altura y terminada en una terraza. La torre más cercana en este lugar es la llamada Torre de Maro, de planta circular y desarrollo prácticamente cilíndrico. La parte superior está ocupada por una sala, mientras que los dos tercios inferiores quedan macizos.
La flora es escasa en este Panorámica de la Cala de Maro representada por especies tales como: el hinojo marino y la siempreviva malagueña. En cuanto a la fauna, el único grupo a destacar es el de las aves, pues podremos observar especies como el cernícalo, la bisbita, el verdecillo, el mirlo, el petirrojo y la lavandera blanca, junto con otras marinas o costeras como la gaviota, la ALCA, el chorlitejo, el correlimos y el archibebe. 

Cala de las Alberquillas
 

Hacia poniente de esta cala, coincidiendo con la desembocadura del río de la Miel, que hemos dejado atrás, se encuentran los restos de la Torre del Río de la Miel, construida en el siglo XVI, con base troncocónica y cuerpo superior cilíndrico donde se encuentra una chimenea para las ahumadas, con una escalera que sube al hollado, protegida en su salida al mismo, por una pequeña caseta. Tenía una escalera exterior para acceder al piso superior de la torre-fortín, pero separada de ésta, a la que se accedería por medio de un puente levadizo de madera, que también servía de puerta de la torre. Contaba con dos pequeños cañones,  que con su fuego artillero evitaban que fondeasen los piratas o contrabandistas.
La vegetación es muy escasa, está replegada a la zona de contacto de las arenas con las rocas, destacando la barrilla espinosa, el cerrillo y la viborera. La fauna es similar a la de la zona anterior. 

Cala del Cañuelo
 

Esta cala se encuentra comprendida entre dos puntas, cada una de ellas con una torre vigía. La primera, la más occidental, es la Torre del Pino, de forma troncocónica. La puerta de acceso está en la parte norte y es rectangular, tiene otra al sur a la misma altura. A principios del siglo XVI sufriría una serie de reformas en la parte superior. Se conserva perfectamente el matacán de protección sobre la puerta. Se mantiene gran parte del enlucido exterior. En la punta más oriental, limitando con la cala de, se encuentra la Torre Caleta, llamada también Torre del Cañuelo, que se trata de una torre del siglo XVI, prácticamente cilíndrica. Tiene una ventana en la parte norte y otra al sur, en el tercio superior. La parte alta de la torre está abovedada.
Se trata de una cala situada entre dos puntas, acabando en el Peñón del Fraile. Las dos puntas acusan los estragos del oleaje como muestran los cantos desprendidos y desplazados en las cercanías de estas puntas. Prosiguiendo por la cala, alcanzaremos la punta más oriental, formada por un gran peñasco que apenas mantiene conexión con tierra firme y que recibe el nombre de Peñón del Fraile. Se trata de una estructura que ha resultado del desmantelamiento de una punta de mayores proporciones, de forma que en la actualidad, la tendencia de la cala es ampliarse, eliminando este puntal, de forma que el nuevo puntal oriental quedaría más al este.  

Cala de Cantarriján
 

La pequeña Cala del Barranco de Cantarriján está delimitada por dos puntas con estructura sedimentaria, su formación posiblemente se deba a la entrada del mar en estos barrancos. El Arroyo de Cantarriján se considera como límite oriental de la provincia de Málaga con la de Granada.
La vegetación predominante a lo largo de la carretera que conduce a la Cala de Cantarriján, es esencialmente un pinar de pino carrasco con un sotobosque donde encontramos lentiscos, palmitos, coscojas, romeros, cerrillos, bolinas, jarillas, zamarrillas, matagallos, jaras blancas y escobones.
Entre las aves podremos detectar especies como el mochuelo, la cogujada, la  tórtola, la curruca cabecinegra, el verdecillo, la collalba negra, el cernícalo, el pinzón, el petirrojo, el papamoscas gris y la lavandera blanca; y mamíferos como el zorro, la comadreja, la garduña, el tejón y el conejo. Más hacia la costa destacan  aves como la gaviota, el charrán, el fumarel, el corregimos, el chorlitejo, la alca, el vuelvepiedras, el archibebe, el ostrero y el andarríos chico. 

Cerro Gordo
 

Al igual que en las puntas anteriores del paraje, en ésta se encuentra otra torre vigía, conocida como Torre de Cerro Gordo, prácticamente cilíndrica. Los cajones están separados por una línea de ripios en sentido horizontal. Con dos aberturas, una pequeña mira al oeste y la otra se abre al este. Una bóveda de medio cañón da paso al interior.
Al este de Cerro Gordo se abre una amplia cala conocida como La Herradura, por su forma arqueada. Desde este mirador se pueden contemplar magnificas vistas del litoral, destacando la Herradura, el pico de Itrabo, la Sierra de Cázulas, Pico del Muscaril y el Cerro de la Bandera.
La zona se encuentra dominada por un espeso pinar de pino carrasco, bajo el que se desarrolla, y de manera especial en los claros, un matorral caracterizado por la presencia de retamas, espliego dentado, romero tomentoso, tomillos, ajedreas, aulagas y bolinas. Entre los reptiles que podremos observar el camaleón y la culebra (bastarda, de herradura y de escalera). Las especies que podremos observar entre el grupo de las aves y los mamíferos es similar al de la zona anterior, destacando además el halcón peregrino, la perdiz, el cernícalo, el mochuelo, la bisbita, el petirrojo, el carbonero, el herrerillo, el roquero solitario, el chochín y el alcatraz.  Existiendo citas en la zona de cabras monteses.

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